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Anoche cuando soñaba vi un mar en calma, la luna se reflejaba.
Mírala. Espejo de mi alma. Sonreía con su brisa, escupía palabras en agua salada. Asustada miraba alrededor...” ¿Dónde, esto acaba?..”
Una corriente de dudas entre un infinito singular. Pensaba escapar del terror envuelto en ese telón irreal.
Era un sueño, yo, lo sabía…
Los dedos de mis pies, era como algodón entre las nubes.
Tan real como mi propia piel.
Un escalofrío recorría mi mente, algo fuerte iba a suceder.
Inmóvil como una piedra vi una estrella fugaz caer. Era mi estrella, la luz de mi luz, la mejor de entre todas ellas.
Llevaba un traje blanco y una sonrisa puesta. Era mi espíritu que me vino a ver envolviendo mi aura, Sin saber lo que iba a hacer.
Me extendió los brazos, me acunó en sus faldas. Mi pelo atusaba, me susurró al oído “niña, te vengo a ver...” Nos sumergimos en el océano profundo, entre las olas de mis recuerdos. Los llantos de mis penas, la felicidad de mis momentos.
Paseamos juntas agarradas de la mano en aquel viaje único. Me llevo a tierra, cuando menos los esperaba y aun siento el dolor.
Ausencia lejana.
Me aconsejo que viviera sonriendo, que llorara amando. Que compartiera con mi corazón lo que llevaba dentro. Me confeso secretos, me alentó con su mirada.
Una ráfaga de luz, ahuyentaron sus palabras. Entonces me di cuenta del mar de mi vida. Flotando llegue a puerto bien parada. “Marinero, enfoca bien a ese puerto, quiero llegar sana y salva. He estado con mi espíritu, y vengo cansada...” Abrí los ojos y me encontré con la persona que amo al lado.
Anoche soñé que soñaba, una felicidad efímera. Siempre la tuve ahí y nunca me di cuenta…de nada. lola Rodriguez Gonzalez.